“¡El libro impreso no morirá!”

En 40 años la Editorial Miguel Ángel Porrúa ha alcanzado una labor editorial de más de 3 mil volúmenes publicados entre los años 1978 y el 2018, es este acervo que entre sus disciplinas destacan las ciencias sociales referidas a México, incluidas las regiones que comprenden su área de influencia. De gran importancia también es el rescate, en ediciones facsimilares, de documentos y publicaciones orientadas a la difusión del conocimiento de nuestro país; y, con el mismo compromiso, la editorial atiende algunas otras áreas de interés general: la historia, el arte y la literatura.

 

Purista del libro impreso pero consiente de las nuevas tecnologías la editorial lanzará la nueva versión de su página web; además de impulsar la digitalización de su catálogo para mejorar la experiencia de navegación, consulta y compra por parte del usuario.

Discurso de don Miguel Ángel Porrúa con motivo del 40 Aniversario de su editorial 

 

“¿Cómo ha podido ser? ¿Cómo explicar tanta amistad, cariño, agradecimiento, orgullo, respeto, lealtad, amor?

Estoy gratamente sorprendido, me llena de alegría verlos a todos reunidos. ¡Aquí están los amigos!

Fueron más de 100 cartas las que ─a través de Aldonza─, para esta ocasión se recibieron y a ellas sumemos los recados, dedicatorias y testimonios asentados en el libro de amigos de la casa. Por ello, ustedes disculparán el no haber terminado en tiempo; ha sido muchísimo cariño el recibido y un plazo muy breve para materializarlo.  Todos sabemos que los quehaceres “a las carreras” siempre terminan con errores y este ha sido el motivo.

No obstante, quiero transmitirles que el volumen que contiene el catálogo del trabajo realizado en 40 años sí logró terminarse en tiempo y forma, en él podrán advertir que cumplir cuatro décadas no sólo se traduce en la perseverancia de un quehacer cotidiano, el que ya de por sí merecería la medalla que, en los años de educación básica se nos entregaba como premio por la constancia, que en aquel caso más correspondía a nuestros padres que a nosotros mismos, le llamaban también puntualidad y asistencia, a que la recuerdan.

Ahora sucede lo mismo, el mérito no ha sido sólo mío, también lo es de ustedes, nuestros amigos, quienes han visto con simpatía y, a veces con más paciencia que admiración, estos muchos años de hacer siempre lo mismo: libros, libros y más libros; al parecer no he sido capaz de improvisar, aunque tampoco quisiera hacerlo.

Con enorme gusto y agradecimiento sincero subrayo la participación de nuestros colaboradores, son ellos, quienes siempre presentes, han hecho de aquel acariciado sueño, una realidad. No podría mencionar a uno por uno, imposible, somos casi 100 los que participamos en las diferentes empresas que encabeza Grupo Editorial. Me referiré sólo a seis colaboradores, son lo que han permanecido más tiempo en la empresa; los que más juventudes han acumulado en el oficio. Florencio Casero y “Julis”, Julia Cruz, con 31 años / con 29 “Guamena o Guada”, Guadalupe Huitrón / “Ferrus”, Miguel Ángel Ferrusca, con 28 / Totonita, Antonia Peralta, “Tony”, con 27 / y “Terefax”, Teresa Santana, con 25; todos en su haber tienen un cuarto de siglo o más remando juntos. Y no quiere decir que estemos viejos; la vejez es sólo un tiempo en que se sabe más, aunque sólo sea de libros.

Ahora hablaré de mí, de “MAP”, como muchos me llaman en la editorial. Por tercera generación soy heredero de un oficio que, como sangre, por el olor a tinta entra; que se razona, se aloja en el corazón, se convierte en necedad y se asume como manera de vida. Tengo un respeto —que algunos calificarían de exacerbado— por el libro impreso, pienso que la opacidad, así como el tacto de las texturas en los papeles, son mucho más satisfactorios que la brillantez de las pantallas. Por ello, cada vez que me preguntan: “¿Las nuevas tecnologías han incidido negativamente en la industria?” Respondo: “Las nuevas tecnologías ¡no!, lo que severamente nos perjudica son los paupérrimos hábitos de lectura que se observan en el país.”

Felipe Garrido sostiene: “no es lo mismo ser lector, que saber leer y escribir” y es cierto, se piensa que procurando la lectoescritura saldremos del rezago que tenemos y no es así; ser lector significa que se entiende, retiene y razona la lectura. ¡Eso es lo que se requiere! Procurar el gusto por la lectura, pero para ello hay que enseñar a leer y a crear el hábito entre nuestros hijos y sus maestros.

Estas aseveraciones en torno a las diferentes formas de lecturas no significan que no seamos proclives a cambios y que despreciemos las nuevas tecnologías. En lo absoluto, ¡NO! Continuamente nos reinventamos y buscamos retos y nuevos recursos, así que, en lo que se refiere a nuevas tecnologías para la industria editorial, podemos decir que estamos a la vanguardia o al menos, tratamos de estarlo, por lo pronto, pero lo hacemos con un respeto total hacia los cánones que dicta el humanismo; por ello sostenemos, al igual que Umberto Eco y Jean-Claude Carrière: “los libros no morirán”.

A 40 años de haber creado una empresa editorial que, en su origen se consideró un desafío y como sabemos, algunos no se cansan de hacernos difícil el camino, el tiempo ―la irrealidad más real que el hombre ha podido concebir y que por ello se le ha denominado la inmensa nada― nos ha dado la razón, porque ante el asombro de muchos, hoy somos merecedores de afecto, apoyo, reconocimiento y un sinfín de buenos deseos, obviamente, de ustedes y de otros más, que sí nos conocen. Y son tantos y tan variados, que sólo al posar los ojos en los textos que los amigos nos permitirán leer próximamente, en el volumen ¡40 años!, podrá uno imaginarlos y aunque incompleta y larga sea la lista porque unos se adelantaron, su memoria y el aroma de sus consejos queda entre nosotros, me refiero a quienes en últimas fechas se han marchado: los queridísimos René Drucker, Sebastián Lerdo de Tejada, Manque Luna Parra, José Luis Cuevas, Ramón Xirau, Luis Domínguez, Javier Gaxiola y recientemente Pedro Cerrillo, entre otros. Lorenza y Jerónimo, dos de mis nietos, al entregarles un “capricho” harán que lo recuerden.

Henestrosa, mi maestro, guía, padre, hermano, amigo ―nunca acabaría de adjetivarlo― decía: “Mientras se le recuerda al hombre, vive. El olvido es la verdadera muerte. No hay otra muerte que el olvido. No hay otra vida que el recuerdo”.

También hay otros amigos de quienes faltará su testimonio, a ellos anticipo la consecuente disculpa porque Aldonza, la menor de mis tres hijas, quiso y logró sorprenderme solicitando unas líneas a quienes ella ha tratado entre nuestros amigos, autores y colaboradores. No obstante, no faltará la presencia de quienes han estado, están y estarán. Todos son afines a este quehacer que nos define; sus textos, recados y dedicatorias integrarán el volumen prometido. La más remota —ubicada en un libro tan pequeño como lo era yo, con sólo 8 años de edad— es en la que don Ángel María Garibay me mostró su afecto, en el año ’59.

Amigos, no puedo ni quiero desandar lo andado, tengo las manos limpias y de frente miro al sol; me siento de tierra y me encanta inventar los nombres que en el imaginario merecen las nubes y aunque les duela a algunos, orgulloso he estado y estoy de mi apellido, además, cabalmente lo he honrado.

A todos, los presentes y también a los ausentes, ¡gracias, mil gracias! Algún día estas muestras de cariño serán el sustento que la historiografía requiera para no olvidar la actividad editorial que, entre dos siglos, en México y su área de influencia, se desarrolló. Así lo espero y deseo, mi mayor empeño, por muchas razones, fue trascender, no sé si lo logre, entre tanto, no será remoto, ahí estará el “cazador de mariposas”, como el entrañable Andrés me llamó en aquel corrido que con motivo de mis 50, con punto fino, hilvanó. O bien “el niño del banquito” como el querido Vicente Quirarte me nombró esa tarde de noviembre del 2013. Y también “el gran mamón”, como aquella misma tarde, jugando con el lenguaje, lo hizo José M. Murià, a quien no excluyo de un penoso y severo adjetivo.

Y les agradezco primeramente a ti Enrique; nuestra amistad se remonta a muchos ayeres. A ti Luis, pareciera que Lorenzana nos unió, pero tú con tu espada y yo con mi honda, nos abrazamos y son pelea. Y a ti José María, ese adjetivo es ca…, ¡Te quiero mucho!

A todos ustedes todo, por supuesto y primeramente porque durante estos 40 años hemos caminado juntos. Ahora podemos decir: esa casa editora ha llegado al tiempo al que el hombre siempre teme, le espanta, le rehúye y es cuando acepta tener años, pero no ser viejo: es, cuando llega a la madurez.

¡Enhorabuena!”

Roma y los Halcones

diciembre 13, 2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *